Tribulaciones de un Jedi en China: Beijing (I)

Escrito por coder el 03 de septiembre de 2007 en Cultura | Hits: 5263

Salí de Valencia en tren con destino a Barcelona el día 29 de Julio sobre las 20pm de la noche y me planté en un cuchitril llamado Hostal Barcelona, donde tenía reservada una habitación de 6m2 por la nada despreciable cifra de 34€. La habitación incluía baño y... eso es todo lo que incluía.

Mi vuelo salía a las 11:20 con destino a Helsinki y me tocó deambular un poco por El Prat porque en la tarjeta de embarque figuraba mal la puerta. Como todos mis aviones en esta historia, el primero despegó con una hora de retraso en lo que sería un avance de lo que ya conté el otro día. No importó porque después hacía escala de varias horas en la capital finlandesa. Hacer el checkin online es una de las mejores cosas que las compañías ponen a disposición del pasajero porque te permite, con 36 horas (al menos Finnair) escoger el sitio para el avión.

De momento las únicas cosas que había echado de menos era la vacuna de la malaria y la cartilla de vacunación (que no sirve absolutamente para nada).

En Helsinki compré un par de energy drinks, bebidas que jamás consumo pero intuía que en el avión no iba a poder dormir nada (cosa que así fué) y, teniendo en cuenta el salto de GMT+2 a GMT+8, pues pensé que no vendrían mal. 

La espera de tres horas no se hizo muy larga, y entre lecturas y alguna llamada pasó el rato. El vuelo a Beijing sí fue un auténtico peñazo  de casi 9 horas con un compañero de viaje con una alitosis asquerosa.

Cuando llegué al aeropuerto de Beijing y recogí mi mochila, tomé un autobús con destino a la capital. Durante el trayecto hablé con dos chicas inglesas que llevaban un mes entre Kazjastán y el norte de China. Su viaje terminaba donde comenzaba el mío.

Lo observaba todo: desde el caótico tráfico hasta los edificios, pasando, como no, por los ideogramas, la gente, etc. Todo nuevo, todo curioso, era incapaz de retener todo lo que pasaba ante mis ojos. De pronto ocurrió algo anecdótico: me fijé en tres guiris que iban andando con gafas de sol, y resultaron ser mi hermana, Jordi y Amparo. Increíble cruzarte con gente en una ciudad con más de 8 millones de habitantes en medio del extranjero. 

Bajé en la última parada del autobús, y después de negarme a ir en rickshaw por 50 Y, busqué (y encontré) con la ayuda de varios chinos la parada del autobús de línea que debía dejarme en Qianmen, al lado justo de Tiananmen. Nuestro hostel, el Leo's Hostel, estaba en una calle allí mismo, hasta la que me llevó una amable señora.

Entré en el hostel y me encontré a la pandilla tomándose una cerveza de medio litro fresquita por 60 céntimos.  Hice el checkin en el hostel, me llevaron a la habitación y me duché, pues tras casi un día entero de viaje olía a mofat cosa mala. Al salir del agua fuimos a comer a un bar al lado del hostel. Eran las 13:30 y asistí a mi primera comida auténtica y con palillos, ya de entrada super picante.

Mi primera comida en un Hu Tong chino fue este pollo ultra picante que me costó creo recordar que 2 Yuanes, osease, 20 céntimos de €uro.

El único destino turístico del día fue el Palacio de Verano (颐和园), donde los emperadores se retiraban a 'descansar' después del curso político. Lleno de senderos cuesta arriba, lo recorrimos bastante, tanto, que se nos hizo tarde y no pudimos entrar a la pagoda del Buda Fragante, una de las, en teoría, más importantes partes del recinto, que ya de por sí era enorme (tiene unas 300 hectáreas de parque recorrible).

Una imagen del Palacio de Verano en la que se aprecia la poca conservación de las construcciones y la basta extensión de jardín que lo compone.

Aquí está Amparo pensativa, reflexionando profundamente lo visto hasta ese momento con el lago artificial Kunming de fondo. Eran momentos para pararse y disfrutar del paisaje, como bien hizo ella.

Jordi y Helena, o Helena y Jordi de izquierda a derecha con una pagoda detrás, muestra de las innumerables construcciones que componían el Palacio.

El Barco de Mármol, uno de los símbolos chinos que recuerdan la corrupción brutal en épocas pasadas. Originalmente se usaba para fiestas y era una mezcla de mármol y cristal, siendo mucha parte del navío ahora mismo madera. No dejan subir y desde luego no se mueve.

Aquí parte de la tropa Goofy -Helena tira la foto- (a falta de Irene que se incorporó el día 5 en Chengdu) posando para la posteridad en la entrada del Palacio de Verano (pronúnciese Yí Hé Yuán). 

A la vuelta en el autobús yo no paraba de dar cabezazos, el sueño se apoderaba de mí por momentos y el viaje se me hizo un poco largo. Paramos en una zona tipo 'calle Colón' (zona de tiendas en Valencia) para ver un poco el ambientillo consumista de Beijing en medio de la tremenda polución. No puedo entender cómo van a hacer unas olimpiadas el año que viene en esta ciudad, de verdad.

Finalmente cogimos un taxi -no sin varios intentos fallidos- que nos dejó en el hostel, donde cenamos bueno y barato y nos fuimos a dormir no muy tarde porque al día siguiente íbamos a La Gran Muralla China, pero eso, amigos, les será contado en el próximo capítulo de Tribulaciones de un Jedi en China (copyleft by Toro Nublado). 



         

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Comentarios

  • El 2007-09-03 21:56:21, livingdead (81.203.148) dijo:

    Pinta muy bien esta colección de fasciculos, me la pienso hacer junto con la de los abanicos de planetadeagostini.

    Toro nublado.... pfffjuajajaaja

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