Escrito por coder el 18 de julio de 2010 en Opinión | Hits: 3702
ACTUALIZACIÓN: Akae dio en el clavo, a Timi le dejaron de gustar sus piedras. Vean la solución en este otro artículo
Ya saben ustedes que mi gato se llama Timi [1] [2]. En menos de un mes cumplirá tres años conmigo. Nació aproximadamente el 12 de agosto de 2007, y un mes después sufrió un traslado forzoso desde un maset en Castellón hasta los dominios en los que nos hospedábamos Omar y yo por aquel entonces [3]. Allí vivió muy contento y feliz sus primeros 9 meses de vida, descubriendo que la castración no le impedía hacer nada y le daba vía libre para ponerse gordo. Era un gato muy querido en el piso. Tanto, que Omar siempre le llenaba el cuenco de la comida hasta los topes aunque no fuera necesario. Claro, Timi se acostumbró a eso y desde entonces se contraría cuando queda poca. Se hizo un señorito.
En el segundo piso [4], en el que estuvimos viviendo los tres paletos entre junio de 2008 y mayo de 2009, Timi se meó un par de veces donde no tocaba. Ese par de veces resultó ser en la cama de Omar. Nadie supo nunca el motivo, y no se le dió mucha importancia. Se limpió el fregao y nada más.
Pero ahora, en este piso en el que estoy yo solo desde agosto de 2009, la cosa ya pasa de castaño oscuro: se mea todas las semanas en los sofás del salón. Pero les contaré la historia más ampliada para que entiendan el meollo del asunto y a ver si alguien arroja algo de luz para solucionarlo, porque no puedo seguir así más tiempo.
No sé exactamente cuándo fue la primera vez, pero creo que entre octubre y noviembre del año pasado. Un día me levanté y me encontré una cagada de Timi encima de una chaqueta que había dejado yo tirada en un sofá. En el "sofá malo", para más señas. No me molestó en exceso porque se daba la casualidad de que iba a tirar esa chaqueta y no se había filtrado nada al sofá, así que la cogí, quité la mierda, y la tiré. Además, no había motivo alguno para alarmarse, porque yo dejaba a Timi encerrado en el salón por las noches para que me dejara dormir tranquilo (me despierto con mucha facilidad) y su cagadero estaba en mi baño, así que no se le podía echar nada en cara al animal.
Así transcurrió un tiempo más, como un incidente aislado, hasta que un día me encontré una meada enterita en el mismo "sofá malo". Esta vez había sido ahí directamente, no 'encima de' nada más, y para más cabreo, había sido justo en medio del sofá, con lo cual había pringado los dos cojines y se había filtrado a la parte de abajo. Imagínense, con lo bien que huele el meado concentrado de los gatos, lo difícil que fue arreglar aquello. Obviamente, a Timi le hice lo que se suele hacer en estos casos: cogerle, 'restregarle' el morro por su meado y llevarlo a la caja de las piedras haciéndole ver que 'su sitio' es ahí y no en otra parte. Unos días después, volvió a pasar, con la consiguiente limpieza de nuevo y restregada de hocico. Un rollo, porque de la parte de abajo del sofá no había forma de limpiar bien el tema, y, sabiendo que se había meado, al llevar un rato ahí sentado podías empezar a 'sentir' el olor. Qué bien, ¿eh? Con qué tranquilidad iba yo a traer a colegas a casa, o, peor aún, ¿con qué tranquilidad me iba a ir a trabajar o a dormir -o a lo que sea-, sabiendo que podía encontrarme un regalito al volver?
Había que ponerle solución al asunto, así que acabé comprando una caja cerrada (la que tiene es abierta), con una puertecita de esas basculante para que el gato la empuje con la cabeza y pueda entrar y salir, y como yo quería seguir durmiendo sin molestias, coloqué esta nueva caja en el salón. Y dirán, ¿en el salón? Menudo cerdo, tío. Bueno, puede, pero la coloqué detrás del sofá que tenía la salida al balcón justo ahí mismo y con un ambientador fulltime, y la cosa funcionaba. No olía mal. Claro, no olía mal porque Timi apenas entraba ahí a mear. Por alguna extraña razón, entraba para cagar pero no para mear, y le costó mucho aprender que desde dentro también podía salir fácil empujando la puertecita con la cabeza. Se veía claramente que esa caja no le gustaba, y, adivinen donde miccionaba. Sí, en el "sofá malo". Las primeras dos o tres veces hice lo mismo. Restregada de hocico y llevarlo a la caja. El tío encima protestaba. Siguió haciéndolo y, claro, llegó el día en el que del restregar pasé a cascarle un poco. No dejó de hacerlo. Me puso de muy mala ostia y le casqué más aún. Solo conseguí hacerle daño a él y sentirme yo fatal, porque tampoco dejó de mear. Tuve que volver a la caja tradicional, tirando a la basura 50EUR de esa otra caja que ahora está muerta de risa en el balcón. Con lo que molaba esa caja.
A todo esto, se pueden hacer una idea de, a estas alturas, el olor que ya iba teniendo el sofá. Inusable prácticamente. Me fui al Corte Inglés y me compré unas fundas de sofá que me costaron casi 300 EUR. Mi madre me convenció para que lo hiciera, y la verdad, parecía buena idea porque de un plumazo también me quitaba el problema de los pelos en el sofá y prevenía ante posibles vómitos. Dio igual, Timi ya consideraba el "sofá malo" como su sitio predilecto para echar la meadita. Cuando miraba la caja de las piedras, veía zurullos, pero rastros húmedos ya ni había. Directamente es que ya ni meaba ahí. Y encima estando alquilado... cojonudo, ahora me tocará tirar este sofá y pagar uno nuevo, o me quitarán parte de la fianza (y con razón) el día que decida marcharme. Pues ahí tuve suerte, porque el encargado de esta finca, como le trato bien (ya saben, regalito en Navidad), pago siempre puntual y le caigo simpático, me dio un sofá idéntico al "sofá malo" sin coste alguno para mi bolsillo.
Timi no tardó demasiado en 'estrenar' ese sofá nuevo. Piensen la gracia que me hizo. Me lo cargaba, es que me lo cargaba. Entonces mi padre me comentó que una vez que su gato se meó dos o tres veces fuera de tiesto, lo cogió, lo metió en la ducha, lo mojó enterito y lo sacó al balcón un buen rato, para que relacionara que mear ahí conllevaba un castigo severo. Nada, tampoco sirvió. Lo hice tres veces y otras tantas (y más) que siguió meando. Bueno, a todo esto, se me ha olvidado mencionar que con este nuevo sofá vinieron dos medidas de protección extra: entre los cojines (por abajo) y el soporte del sofá en sí tengo puesta una madera que no deja filtrar nada, y entre los cogines (por arriba) y la funda, tengo puesto un plástico de los de proteger la ropa tendida de la lluvia. Esa combinación se ha mostrado eficaz para que el sofá no quede arruinado, porque dos sofás ya sería para que el casero me cortara los cojoncios.
Pero han habido varias cosas más que he ido probando y que tampoco han servido para nada. Mi madre me regaló dos chismes de esos 'Feliway', que teóricamente previenen contra las meadas fuera de lugar. Uno era de esos eléctricos, que se supone que lo pones en un enchufe en la habitación o zona a 'desmilitarizar', y al cabo de un mes dicen que ya no meará ahí. Ya les digo yo que Timi se lo ha pasado por la piedra también. Curiosamente diré que vi como le bufaba al chisme ese. Claro, eso emite feromonas y tal, y se ve que no le molaba. El otro producto es un spray. En principio, rociando la zona afectada y siempre con un mes de margen, tachán, problema solucionado. Ya les digo que tampoco. Y esos dos potingues me costaron 60 pavos la segunda vez que los compré yo.
Otra medida que tomé fue dejarle dormir conmigo. Pareció la solución. Empecé a apuntar en el calendario los días que dormía conmigo y si meaba o no, y tras tres o cuatro noches de 'acoplamiento', pareció que era mano de santo. En serio, andaba yo muy contento, pero a la tercera semana, plaf, meada al canto.
Leyendo y leyendo en foros sobre el tema, todo parece indicar que, una de dos: o bien el animal tiene un problema de salud (cosa que no es) o bien está queriendo decir algo. Por supuesto, hablamos de este segundo caso. ¿Y qué es lo que está queriendo decir? Pues, a todas luces, yo entiendo que se queja de que pasa mucho tiempo solo. Me está diciendo que está triste, enfadado o ambas, y casi seguro que es eso, o al menos yo lo tengo bastante asumido. Creció siendo dos en el piso y el año pasado éramos tres. Ahora estoy yo solo y donde antes trabajaba dos tardes a la semana ahora lo hago cuatro. Es comprensible por su parte, pero es una putada, y no puedo aguantarlo más tiempo.
El otro día, durante el partido España 1 - 0 Paraguay del Mundial, un par de colegas comentaron que su perro sufre una cosa llamada 'ansiedad por separación', que consiste en el que el perro lo pasa realmente mal desde el momento en el que el amo sale por la puerta hasta que vuelve. Que les hacía destrozos en casa, que ladraba tanto que los vecinos se habían quejado, etc. Una historia. Me hizo pensar, y, efectivamente, aunque con mucha menos propensión, también existe la ansiedad por separación en gatos.
En fin, les cuento todo esto porque mientras lo redacto estoy poniendo una lavadora con la funda del 'sofá bueno'. Me he levantado, me he hecho el desayuno, me lo he tomado mientras veia el capítulo 2x05 de Breaking Bad -sentado en el nuevo sofá malo- y, de vez en cuando, me venían ráfagas de un olor que ya conozco de sobra... pero me he puesto a mirar y no encontraba nada, hasta que me he dado de bruces con el meado en el sofá bueno, y eso sí que ya no lo puedo aguantar. Vale que al sofá no se le ha filtrado nada, pero es que me cago en todo lo que se menea, de verdad, no sé qué hacer.
¿Qué hago? ¿Voy a la protectora y le traigo un primito a ver si así se hacen colegas? ¿Y si se llevaran mal? ¿Y sí, aun llevándose bien, siguiera meando? En fin, como he dicho al principio, si alguien quiere arrojar luz sobre esto, se lo agradecere enormemente.
[1] http://www.fluzo.org/blog/post/timi
[2] http://www.fluzo.org/blog/post/timi-el-gato-firewall
[3] http://www.fluzo.org/blog/post/ya-estamos-en-el-piso
[4] http://www.fluzo.org/blog/post/las-inocentadas-que-no-le-hicimos-al-papoi-en-2008
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